martes, 7 de febrero de 2012

67 toneladas de amor que comenzaron con un tweet...




La noche de ese sábado no dormí. Me mordí el labio todo el tiempo pensando en que no tenía idea de en qué iba a terminar el impulso que me hizo decir “@Mirrimiu Pues hay que organizar, por lo pronto y a manera de emergencia una colecta de alimentos, no sé... pero no podemos dejarlos así!”

Ya para las 11:00 del domingo 15 de enero de 2012 estaba en camino al asta bandera de mi querido Zócalo capitalino. Lugar en el que se han dado cita los movimientos sociales más importantes y transformadores de este país.

No vi a nadie, o más bien, no sabía si alguno de los que estaban ahí iba a lo mismo que yo, así que grité “¡Alguien viene a dejar víveres para la sierra  Tarahumara?".

Y desde ahí ya no paró el movimiento. Llegaron víveres, agua, ropa, manos y muchos corazones dispuestos a dar su tiempo y compartir lo que habían destinado para su mesa, con otros hermanos que estaban padeciendo una crisis alimentaria muy grande.

Ese día granizó de manera inusual, afortunadamente Sandra Lorenzano nos abrió las puertas de la Universidad del Claustro de Sor Juana, que se convirtió en la matriz de toda esta operación que terminó llamándose “Tuiteros en Acción”.

Durante la semana de acopio todo funcionó casi a la perfección, se designaron actividades y cada quién hizo lo que le tocaba, desde las relaciones públicas para conseguir respaldo para ir hasta Chihuahua, hasta el orden y la limpieza del centro de operaciones. Cada una de las personas que pasó por ahí hizo su mejor esfuerzo de manera desinteresada.



Nos enfrentamos a muchas crisis, propias de un movimiento que surgió de la noche a la mañana, pero que ayudaron a consolidar amistades preexistentes y a formar nuevos lazos que aseguro serán irrompibles. Cuando el corazón late al mismo ritmo y por la misma causa, sus latidos se hacen una sola sinfonía que resonará por siempre en la memoria de todos los que se hermanaron en un solo sentimiento.



Y llegó el domingo, ocho días después de que se comenzó el acopio, la fecha en la que se cargarían los vehículos. Dos tráilers y un torton, donados por Arturo Elías Ayub a través  de la Fundación Telmex (quien se acercó personalmente al zócalo el primer día para ofrecer su colaboración), llevarían el más grande tesoro: la solidaridad de un pueblo que no esperó a que otros le resolvieran sus inquietudes, que decidió actuar de manera pronta para poner un granito de arena para mejorar la situación que tanto nos preocupó.


Todos estábamos conscientes de que esta no sería la solución para la problemática a la que se enfrentan los rarámuris ni cualquiera de las  otras expresiones indígenas que dieron origen a lo que hoy somos, un pueblo multicolor, de contrastes, rico en manifestaciones culturales. Sabemos que aun si cada semana lleváramos alimentos, los problemas de fondo seguirían creciendo.


En medio de temores, de tensiones, de alegría, de unión, nos encaminamos el lunes 23 de enero hacia Creel, la cita fue a las 5:00 AM e la Universidad del Claustro de sor Juna, se tomaron las fotos para el notario y partimos.


El camino donde ocho extraños se encontraron estuvo lleno de risas, de juegos y de canciones, algunos tuvimos la oportunidad de irnos una parte del trayecto en un tráiler y pudimos platicar con don Benjamín, uno de los operadores que estaba tan emocionado como nosotros con la misión que nos había reunido. Él explicaba que no podía darme una hora aproximada de arribo debido a que nunca se sabe lo que encontrará en el trayecto porque, y lo cito, “no es lo mismo estar detrás de la computadora y calcular, que vivirlo en el camino”. 


Aún no llegábamos a nuestro destino y la primera gran reflexión se hizo presente. Mientras sigamos desde la comodidad de nuestras casas, frente a nuestras computadoras o dispositivos móviles y no salgamos a la calle a luchar codo a codo, no lograremos siquiera comprender la realidad que nos aqueja a todos los mexicanos.


“No es lo mismo vivir la experiencia en el camino, que hablar de oídas” decía don Benjamín, que junto con los otros dos operadores fueron vigilando que el vehículo donde íbamos los tuiteros no tuviera contratiempos  y fuéramos seguros.


Nos paró un retén militar a hacernos preguntas… jamás había que tenido que tragarme mis ideales de esa forma, revisaron nuestras pertenencias y a los hombres que iban en el vehículo. La militarización en la que estamos inmersos duele hasta el fondo, quisiera poder transitar libremente sin temor a nadie, llámese ejército o delincuencia. Quiero de vuelta la libertad y la paz que ya no tenemos.

Tuvimos que parar en Fresnillo, Zacatecas a descansar y dormir, se habían ponchado dos llantas de uno de los vehículos y había que hacer los ajustes pertinentes. A todos nos urgía llegar, pero estos contratiempos, sumados al gran peso de los vehículos, nos obligaron a ir despacio.


Cuando por fin llegamos a Creel nos encontramos con muchas dificultades. Los acuerdos hechos desde la Ciudad de México se habían caído, debido a un cruce de información por las confusiones provocadas por una página creada en facebook por alguien a quien, por lo menos yo, ni siquiera ubico, quien difundió  datos equivocados, información personal e hizo declaraciones radiofónicas fuera de contexto. Sabemos que mucha de la gente se sumó debido a la invitación de ese vínculo, sin embargo tuvimos que deslindarnos de él para evitar mayores conflictos.


Fue así como nos encontramos en ese momento prácticamente solos, sin el apoyo ofrecido, sin todos los vínculos con los que creíamos contar, pero nada nos iba a detener, teníamos una meta clara y estábamos ahí para cumplirla. Nadie lo dijo, pero nuestras miradas siempre se encontraron para ofrecernos fortaleza y respaldo.

Había gente esperándonos desde el día anterior, así que pudimos maniobrar de manera inmediata. Le pedimos a la gente congregada en el kiosco de Creel que informaran a sus gobernadores, (quienes son elegidos por los rarámuris por sus méritos morales, su forma de organización es diferente y podríamos aprenderles mucho) y  con la orientación que pidió se nos diera el historiador Jesús Vargas a Juan Daniel, que trabaja con las comunidades, pudimos contactar a las comunidades indígenas.


Al otro día iniciamos actividades con la apertura de los vehículos y cargando las primeras camionetas que partirían a las comunidades. Fue muy difícil enfrentarse a los chabuchi de Creel (así nombran a los mestizos) quienes no querían entender que nosotros íbamos a trabajar con los rarámuris. Muchas veces tuvimos que pedirles a los habitantes de Creel que salieran de las filas y nos negamos a entregarles lo que la sociedad había mandadopara nuestros hermanos indígenas.


 Se nos increpó de manera airada y majadera, pero no cedimos, hubo quien bajó de una lujosa camioneta con su hija ataviada de rarámuri para obtener víveres; otra mujer me dijo “pero yo no tengo marido ni empleo” a lo que me tocó responder “Señora, yo tampoco tengo marido ni empleo y mucho menos un celular como el de usted o las costosas arracadas de oro que trae puestas”. 




En otra oportunidad un habitante de Creel nos dijo “a nosotros no nos quieren dar porque no  somos mugrosos...” así de fuerte, así de dolorosas sus palabras se clavaron en nuestros oídos, pero no debíamos caer en provocaciones, íbamos a trabajar.  Sin decirnos mucho, el equipo nuevamente se miraba a los ojos para darse fuerza unos a otros. 


Estábamos juntos en esto hasta el final y había que apoyarnos entre todos.

De los rarámuris aprendimos el significado de “Kórima”. Kórima significa compartir y ellos nos compartieron sus experiencias, su tempo, su forma de organizarse.


El respeto a la voluntad de la mayoría, la elección de gobernadores por méritos morales, el dar al otro lo que se tiene sin importar que mañana ya no haya, evitando el almacenamiento cuando alguien de su comunidad tiene más hambre, son cosas que jamás podré olvidar. Comparten unos con otros porque así debe ser, porque “aunque sea pinole, pero algo hay que dar”, dicen.

Estando allá fue duro encontrarse con la realidad: lo que llevamos no sería suficiente, los camiones se iban vaciando y teníamos más comunidades esperando lo que la sociedad había mandado. No es suficiente, debemos hacer algo más, debemos seguir unidos para lograr el cambio verdadero a todos los niveles; desde lo que cada uno sabe hacer hay que poner en marcha nuestras capacidades para que esto no se tenga que repetir nunca más.


No más hambre para nadie, no más olvido, basta de tanta miseria.  

Podría contarles mil cosas más de lo que vivimos, de lo que en cada comunidad visitada se aprendió, de lo que pasaba cuando nos reuníamos a la mesa por las noches, pero creo que cada uno de los que fueron podrá contarles su punto de vista en el momento que lo crea conveniente.


Termino agradeciendo el infinito apoyo, las palabras de ánimo, los consejos y el trabajo de @Mirrimiu @ZazilCarreras @prometeonuclear @La_War @borjonpop @avrenimp3 @Navegaciones @PaolaCGutierrez @marinataibo3 @Pamela28Galicia @hildiuppis @craviotocesar quienes, cada uno en su momento, dieron soluciones, ideas y mostraron su solidaridad de manera personal.



A @mardoniocarbalo @Taibo2  @ulisespraz @jezuzpsy @Lala_it @corbu000 @sergio_roque @Bela_Rules por toda su entrega.

Al equipo que tuvo el privilegio de ir a la entrega de víveres representando a toda la sociedad organizada:

Juan José Mena, Arturo Borjón, Citlalli Hernández, Jesús Nolasco, Sergio Roque, Ulises Praz y Cinthya Gutiérrez.


A  Ivan Contreras, quien desde su noble labor de prensa dió seguimiento paso a paso de lo realizado en Chihuahua.


A los medios de comunicación que informaron de nuestra labor a la ciudadanía.


A los creadores y responsables de este blog que difundió la información de manera oportuna y veraz.


Y a cada uno de los Tuiteros En Acción, a nuestras familias y amigos,a @mex_35 por cuidarnos durante el trayecto y alimentar a los voluntarios en el centro de acopio, a todos los que colaboraron brindando tiempo y espacio, a los centros de acopio alternativos, a las autoridades que estuvieron pendientes del trabajo  realizado, a la Universidad del Claustro de Sor Juana, en especial a Sandra Lorenzano y Pamela García, A Arturo Elías Ayub y a Raul Cerón de Fundación Telmex, a Don Benjamín y los operadores de los vehículos que nos transportaron,  a todos los que mi memoria omite sin querer y a cada uno de los que ayudó a mantener viva esta acción y a transparentar las acciones realizadas.

¿Qué gané con todo esto? Fue mucho, gané tres nuevos amigos entrañables: Citlalli, Juan José, y Arturo. Reafirmé mi admiración y cariño por Zazil Carreras,me contagié de la energía de Marina Taibo, perdí el miedo a hacer las cosas aun cuando no sepa cuál es el siguiente paso que dar y recordé nuevamente que, como dice Benedetti: “En la calle, codo a codo, somos mucho más que dos”.

Matétera-bá (gracias) a todos mis "cómplices y mi todo". 

Con cariño: Patricia C. 







Fotos: Ulises Praz, Citlally Hernandez y Manolo Montenegro.








Videos de @prometeonuclear y @corbu000 @corbu000 

1 comentario:

  1. hola espero que lo puedas leer yo tengo un proyecto que es enseñar a la gente de la sierra a hacer motores a vace de imanes y calentadores solares todo hecho con basura espero que lo puedas leer y me digas como hacemos algo un saludo

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